Abres el bote de café por la mañana y no notas nada. Te acercas un perfume que llevas años usando y es como oler agua. Un día te dejas una sartén al fuego y te enteras cuando entra alguien en casa preguntando qué se está quemando. Al principio lo achacas a un catarro que se resiste, después a la alergia, y así van pasando las semanas y los meses.
La pérdida de olfato es uno de esos síntomas que casi nadie considera urgente hasta que se cronifica. Como no duele y permite hacer vida normal, se va posponiendo. Pero el olfato no sirve solo para disfrutar de la comida: es un sistema de alarma frente al humo, el gas o un alimento en mal estado, y su ausencia se asocia a menos apetito, pérdida de peso y bajón anímico. En drcristinavaduva.com es un motivo de consulta cada vez más frecuente, sobre todo desde los cuadros víricos de los últimos años. La buena noticia es que en la mayoría de los casos hay algo que hacer, siempre que no se deje pasar demasiado tiempo.
Anosmia, hiposmia y parosmia: ponerle nombre a lo que te pasa
No todas las pérdidas de olfato son iguales, y distinguirlas ayuda mucho a orientar el diagnóstico:
- Hiposmia: hueles menos de lo normal. Necesitas acercarte mucho al alimento o al perfume para percibir algo. Es la forma más frecuente y la que más pasa desapercibida.
- Anosmia: no hueles nada en absoluto. Suele ser el motivo por el que la gente por fin pide cita.
- Parosmia: hueles, pero mal. El café huele a quemado, la carne a podrido y el gel de ducha resulta insoportable. Es desagradable, aunque suele ser buena señal, porque indica que el sistema olfativo se está reorganizando.
- Fantosmia: percibes olores que no existen, normalmente desagradables.
Un apunte importante: casi todo lo que llamamos sabor es en realidad olfato. Por eso muchas personas llegan diciendo que han perdido el gusto cuando lo que han perdido es la capacidad de oler. La lengua distingue dulce, salado, ácido, amargo y umami; el resto de matices los pone la nariz.
Por qué se pierde el olfato
Las moléculas olorosas tienen que subir por la fosa nasal hasta una zona muy alta, cerca del techo de la nariz, donde está la mucosa olfatoria. Ahí las recogen las neuronas que llevan la señal al cerebro. El olfato puede fallar en cualquier punto de ese recorrido, y de ahí salen los tres grandes grupos de causas.
1. El aire no llega arriba (causas obstructivas)
Si algo bloquea el paso del aire hacia la parte alta de la nariz, las moléculas nunca llegan al sensor. Es el mecanismo más frecuente y también el más tratable. Detrás suele haber un tabique desviado, unos cornetes hipertrofiados o pólipos nasales. Estas personas cuentan que hay días que huelen algo y otros que nada, según cómo tengan la nariz.
Si además llevas años respirando regular, conviene revisar el conjunto, porque la falta de olfato rara vez viene sola. Te lo cuento en detalle en el artículo sobre la obstrucción nasal crónica y sus tratamientos definitivos, y si el origen es estructural, en el que compara la septoplastia y la rinoplastia y cuándo se operan juntas.
2. La mucosa está inflamada (causas inflamatorias)
Aquí entran la rinosinusitis crónica, la poliposis nasosinusal y la rinitis alérgica mal controlada. La mucosa está engrosada y encharcada, y el epitelio olfatorio deja de funcionar bien aunque el aire llegue. Son los pacientes que arrastran mocos espesos, presión facial y carraspeo constante. Si te suena esa sensación de moco que baja por detrás, te interesa lo que explico sobre el goteo postnasal y cómo se trata.
Un caso muy concreto y muy común: quien lleva meses o años tirando de descongestivo nasal de farmacia. Ese uso continuado inflama la mucosa de forma crónica y va apagando el olfato poco a poco. Es la rinitis medicamentosa por spray nasal, y se resuelve, pero hay que hacerlo bien acompañado.
3. El sensor o el nervio han sufrido (causas neurosensoriales)
Son las que más preocupan y las que requieren más paciencia:
- Postvírica: gripes, resfriados y, muy especialmente, la COVID. La nariz se destapa, el catarro se va, pero el olfato no vuelve. Es la causa más habitual de anosmia persistente en adultos jóvenes y sanos.
- Traumática: un golpe en la cabeza puede cizallar las fibras nerviosas que atraviesan el hueso hacia el cerebro.
- Tóxica o farmacológica: exposición a disolventes, humo de tabaco y algunos medicamentos.
- Neurodegenerativa: la pérdida de olfato progresiva y sin causa nasal aparente puede preceder en años a enfermedades como el párkinson. No es lo habitual, pero es una razón más para no dejarlo pasar.
- Edad: a partir de los 65 años el olfato pierde agudeza de forma fisiológica, igual que la vista o el oído.
¿Cuándo hay que consultar?
Perder el olfato tres o cuatro días con un catarro es normal. Deja de serlo cuando aparece alguna de estas situaciones:
- Han pasado más de cuatro semanas desde el catarro y no has recuperado nada.
- La pérdida es de un solo lado, algo que casi siempre indica un problema local que hay que ver por dentro.
- Se acompaña de sangrado nasal repetido, dolor facial persistente o alteraciones visuales.
- Va a peor de forma progresiva sin catarros de por medio.
- Empezó tras un traumatismo craneal.
- Notas que la nariz se tapa cada vez más y ya dependes del spray para respirar.
El tiempo importa. En las anosmias postvíricas, las probabilidades de recuperación son claramente mejores cuando el tratamiento se inicia en los primeros meses que cuando se consulta dos años después.
Cómo se estudia el olfato en consulta
La valoración no tiene nada de agresiva y suele resolverse en una sola visita. Empieza por una historia clínica detallada, que muchas veces ya orienta el diagnóstico: cómo empezó, si fue de golpe o poco a poco, si hay alergia, qué medicación tomas y si respiras bien.
Después se hace una endoscopia nasal, que es la prueba clave. Con un endoscopio fino se explora la fosa nasal por dentro y se ve directamente el tabique, los cornetes, si hay pólipos y, sobre todo, si la hendidura olfatoria está abierta o cerrada. Se hace en la consulta, con anestesia en spray, y dura un par de minutos.
A partir de ahí, según el caso, se completa con una olfatometría (una prueba con olores estandarizados que mide de forma objetiva cuánto hueles y sirve para comparar en revisiones sucesivas) y, cuando se sospecha patología de senos o hay que planificar cirugía, con un TC de senos paranasales.
Tratamientos que funcionan de verdad
Entrenamiento olfativo
Es la primera línea en las pérdidas postvíricas y una de las pocas medidas con respaldo sólido. Consiste en oler de forma consciente cuatro aromas intensos y distintos entre sí (clásicamente rosa, limón, clavo y eucalipto), unos veinte segundos cada uno, dos veces al día, durante un mínimo de tres meses. No es un remedio casero: se apoya en la capacidad de regeneración de las neuronas olfatorias, que se estimula con el uso repetido. Requiere constancia, y ahí está la mitad del resultado.
Tratamiento médico
Los corticoides tópicos nasales bien pautados y bien aplicados desinflaman la mucosa y son el pilar en rinitis y poliposis. Insisto en lo de bien aplicados: la mayoría de los pacientes se pulverizan el spray hacia el tabique, que es justo donde menos sirve. La técnica correcta cambia mucho el resultado. En casos seleccionados se emplean ciclos cortos de corticoide oral, lavados nasales con suero y, en poliposis graves, tratamientos biológicos.
Cirugía
Cuando la causa es mecánica, la cirugía es el tratamiento que devuelve el olfato. Septoplastia, cirugía de cornetes o cirugía endoscópica nasosinusal para retirar pólipos y ventilar los senos. El objetivo es abrir el camino del aire hasta la zona olfatoria. En manos de un otorrino con experiencia en rinología, la recuperación del olfato tras liberar una obstrucción marcada suele ser uno de los cambios que más agradecen los pacientes, por encima incluso de respirar mejor.
Lo que no ayuda
Ni los vahos de eucalipto, ni las gotas de aceites esenciales dentro de la nariz, ni las megadosis de zinc o de vitaminas que circulan por internet han demostrado recuperar el olfato, y algunas irritan aún más la mucosa. Tampoco ayuda seguir usando descongestivos de farmacia semana tras semana: alivian un rato y agravan el problema de fondo. Y desde luego no ayuda esperar dos años a ver si vuelve solo.
En resumen
La pérdida de olfato tiene causa, tiene estudio y, en un porcentaje alto de casos, tiene solución. La clave es identificar si el problema está en el paso del aire, en la inflamación de la mucosa o en el nervio, porque el tratamiento es completamente distinto en cada escenario. Y hacerlo pronto, sin dejar que pasen los meses.
Si llevas tiempo sin oler bien, notas la nariz cada vez más cerrada o has perdido el olfato después de un catarro y no termina de volver, lo primero es mirar la nariz por dentro y salir de la consulta sabiendo qué te pasa. Pide tu cita de valoración y lo vemos con calma.