Mi hijo ronca y duerme con la boca abierta: vegetaciones en niños

Entras de noche en su habitación y lo ves: duerme boca arriba, con la boca abierta, respirando fuerte y con un ronquido que no parece de un niño de cinco años. A veces se queda unos segundos en silencio, se remueve, cambia de postura y vuelve a arrancar. Por la mañana se levanta de mal humor, con la almohada húmeda y sin ganas de desayunar.

a little girl sleeping in a bed with a blanket

Es una de las escenas que más se repite en la consulta de otorrino infantil y también una de las que más se normaliza: que si ronca porque está acatarrado, que si ya se le pasará con la edad. A veces es cierto. Pero cuando un niño respira por la boca casi todo el año, duerme mal y arrastra mocos, otitis o catarros de repetición, lo más probable es que haya unas vegetaciones (adenoides) grandes tapándole la nariz por dentro. En drcristinavaduva.com es uno de los motivos de consulta más frecuentes entre las familias, y también uno de los que más cambia el día a día de un niño cuando por fin se resuelve.

Qué son las vegetaciones y por qué dan tantos problemas en la infancia

Las vegetaciones, o adenoides, son un tejido linfático situado en la parte más alta y posterior de la nariz, justo donde las fosas nasales se abren hacia la garganta. Forman parte del sistema de defensa: en los primeros años de vida ayudan a reconocer virus y bacterias que entran por la vía respiratoria.

El problema es de espacio. Ese tejido crece de forma natural entre los dos y los seis o siete años, coincidiendo con la etapa de guardería y colegio, cuando el niño encadena infecciones. Si crece demasiado, ocupa el pasillo por el que debería pasar el aire. La nariz deja de funcionar como vía respiratoria principal y el niño empieza a compensar abriendo la boca, primero de noche y después también de día.

Además, las adenoides grandes tapan la entrada de la trompa de Eustaquio, el conducto que ventila el oído medio. Por eso los mismos niños que roncan suelen ser los que acumulan otitis, moco detrás del tímpano y episodios de «parece que no me oye cuando le hablo de espaldas».

Señales de que tu hijo no está respirando bien por la nariz

Lo que se ve por la noche

  • Ronquido habitual, no solo cuando está resfriado, sino la mayoría de las noches del mes.
  • Duerme con la boca abierta y babea la almohada.
  • Pausas respiratorias: se queda en silencio unos segundos y luego coge aire de golpe, con un resoplido.
  • Sueño muy movido, posturas raras, cuello estirado hacia atrás o dormir casi sentado.
  • Sudoración nocturna, terrores nocturnos o vuelta de la pipí en la cama después de haber dejado el pañal.

Lo que se nota de día

  • Voz nasal, como si hablara siempre con la nariz tapada.
  • Boca entreabierta en reposo, labios secos y agrietados.
  • Come despacio y se cansa masticando, porque tiene que parar a respirar.
  • Irritabilidad, poca tolerancia a la frustración o dificultad para concentrarse en clase. En los niños, la falta de descanso rara vez se traduce en sueño: se traduce en nerviosismo.
  • Catarros que no terminan de irse, moco constante y otitis de repetición.

Conviene tener claro un matiz importante: roncar de forma habitual no es un rasgo de carácter ni una gracia familiar. Es un ruido que indica que el aire está encontrando resistencia. En adultos ese mismo patrón hace pensar en apnea obstructiva del sueño y sus señales de alarma, y en niños también existe, aunque se manifiesta de otra manera.

Por qué no conviene esperar a ver si se le pasa

Una parte de los niños mejora sola, sobre todo a partir de los siete u ocho años, cuando el tejido adenoideo empieza a reducirse y la cara crece. El problema es que los años en los que el niño respira mal son precisamente los años en los que más crece.

Respirar por la boca de forma continuada modifica la manera en que se desarrollan el paladar y los maxilares: paladar estrecho y ojival, mordida cruzada, dientes apiñados, mentón poco proyectado. Es lo que los ortodoncistas llaman cara adenoidea. Muchos de esos cambios se pueden corregir después, pero cuesta bastante más que haber resuelto la obstrucción a tiempo.

A eso se suma el descanso. Un niño que se despierta decenas de veces por noche sin llegar a ser consciente no consolida bien las fases profundas del sueño, que son las que se relacionan con la hormona del crecimiento, la memoria y la regulación del humor. No es casualidad que muchas familias digan que, tras resolverlo, «parece otro niño».

Cómo se estudia esto en consulta

La valoración empieza por lo que cuentan los padres, que es información de primera mano: cuántas noches por semana ronca, si hay pausas, cómo se levanta y cómo le va en el colegio. Un vídeo corto del niño durmiendo, grabado con el móvil, suele aportar más que muchas descripciones.

Después se explora la nariz. La endoscopia nasal con un fibroscopio flexible y fino permite ver directamente el tamaño de las adenoides y cuánto espacio dejan libre. Se hace en la propia consulta, en segundos, y los niños la toleran mucho mejor de lo que los padres imaginan.

También se revisan las amígdalas (a menudo el ronquido se debe a la suma de adenoides y amígdalas grandes), se hace una exploración del oído con timpanometría si hay sospecha de moco retrotimpánico, y se valora si existe un componente alérgico o una hipertrofia de cornetes que estreche todavía más el paso del aire. Cuando el cuadro apunta a pausas respiratorias reales, puede indicarse un estudio del sueño para medir qué ocurre durante la noche.

Tratamiento: no siempre hay que operar

Esta es la parte que más tranquiliza a las familias. La cirugía no es el primer escalón ni el único.

Tratamiento médico

En niños con obstrucción leve o moderada, sobre todo si hay alergia asociada, los corticoides nasales tópicos pautados durante varias semanas reducen de forma apreciable el tamaño del tejido adenoideo y mejoran el ronquido. Se acompañan de lavados nasales con suero, control ambiental si hay alergia y, en algunos casos, tratamiento antihistamínico. Después se reevalúa.

Cuándo se plantea la cirugía

La adenoidectomía se propone cuando se cumplen situaciones concretas, no por el tamaño en sí:

  • Ronquido con pausas respiratorias y sueño no reparador que no mejora con tratamiento médico.
  • Respiración bucal permanente con repercusión en el desarrollo dentofacial.
  • Otitis de repetición o moco persistente en el oído medio con pérdida de audición.
  • Sinusitis de repetición asociada a la obstrucción.

Cómo es la intervención y la recuperación

Es una cirugía corta, de unos veinte o treinta minutos, con anestesia general y sin cortes externos: se accede por la boca. Muchos niños se van a casa el mismo día o tras una noche de observación. Los primeros días puede haber molestias de garganta, voz algo distinta, mal aliento y algún décimo de fiebre. La dieta blanda y fría ayuda, y la vuelta al colegio suele producirse en menos de una semana.

Si además las amígdalas son muy grandes y contribuyen a la obstrucción, se valora intervenir ambas estructuras en el mismo acto. En ese caso la recuperación es algo más larga y molesta, pero el planteamiento es el mismo: devolver espacio a la vía aérea.

Y si el niño crece y sigue respirando mal

Hay adolescentes que fueron operados de vegetaciones a los cinco años y siguen respirando por la boca. En esos casos el problema ya no son las adenoides, sino la propia estructura de la nariz: cornetes hipertróficos, válvula nasal estrecha o una desviación del tabique nasal con sus síntomas y consecuencias. Merece la pena revisarlo, porque la obstrucción nasal crónica tiene tratamiento definitivo y no hay ningún motivo para arrastrarla hasta la edad adulta.

En resumen

Un niño que ronca casi todas las noches, duerme con la boca abierta y se levanta cansado no está durmiendo bien, y eso tiene consecuencias sobre su crecimiento, su carácter y su rendimiento escolar. Las vegetaciones son la causa más frecuente y, además, una de las más fáciles de estudiar y de resolver.

Si te has reconocido en la escena del principio, lo razonable es una valoración con exploración de la nariz para saber con datos qué está ocurriendo y decidir sin prisas. Pide tu cita en la consulta de la Dra. Cristina Vaduva en Madrid y déjame revisar cómo respira tu hijo.

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