Oigo un pitido constante en el oído: qué son los acúfenos y qué se puede hacer

Se hace de noche, se apaga la televisión y la casa se queda en silencio. Y justo entonces aparece: un pitido fino y continuo dentro del oído. A veces suena como un zumbido grave, como el silbido lejano de una tetera o como los grillos de una noche de verano. Miras alrededor buscando un aparato encendido, un cargador, la nevera, y no hay nada. Estás oyendo un sonido que no existe fuera de tu cabeza.

Ese ruido tiene nombre: se llama acúfeno (o tinnitus, como aparece en la literatura médica) y lo nota una de cada diez personas adultas en algún momento de su vida. La mayoría convive con él sin darle importancia; para otras, se convierte en el ruido de fondo que estropea el silencio, la lectura y las primeras horas de la noche. En la consulta de la Dra Cristina Vaduva es uno de esos motivos de consulta que el paciente arrastra durante meses antes de contarlo, muchas veces porque alguien le dijo que no tenía nada que hacer. Y eso, dicho así, no es cierto.

Qué son los acúfenos y por qué los oyes solo tú

Un acúfeno es la percepción de un sonido sin que exista una fuente que lo produzca. No es imaginación ni es un problema psicológico: es una señal real que el sistema auditivo está generando y que el cerebro interpreta como ruido. La explicación que hoy se maneja es que, cuando el oído deja de enviar información en determinadas frecuencias (por ruido, por edad, por una obstrucción), las vías auditivas centrales aumentan su actividad para compensar ese vacío. Ese exceso de actividad es lo que acabas escuchando.

Por eso el pitido casi nunca aparece solo: suele acompañar a un oído que no está funcionando del todo bien, aunque tú no hayas notado ninguna pérdida de audición. Y por eso también se nota más en silencio, al acostarte o en una habitación insonorizada: no es que suene más fuerte, es que ya no hay ruido ambiente que lo tape.

Acúfeno subjetivo y acúfeno pulsátil

La inmensa mayoría de los acúfenos son subjetivos: solo los oye la persona que los tiene. Hay un tipo distinto que conviene distinguir bien, el acúfeno pulsátil, que late al ritmo del corazón, como si oyeras tu propio pulso dentro de la oreja. Ese merece un estudio aparte y más cuidadoso, porque detrás puede haber una causa vascular o un problema del oído medio que se puede localizar. Si tu pitido va marcando el latido, dilo expresamente en la consulta: cambia por completo el camino de las pruebas.

Por qué aparece el pitido en el oído: las causas más frecuentes

El ruido y el paso de los años

Son, con diferencia, las dos causas más habituales. Los conciertos, la música con auriculares a volumen alto, la maquinaria del trabajo o una detonación puntual dañan las células del oído interno encargadas de las frecuencias agudas. Cuando esas frecuencias dejan de llegar bien, aparece el zumbido. Lo mismo ocurre, de forma más lenta y silenciosa, con la pérdida auditiva asociada a la edad: el paciente no se queja de oír mal, se queja del pitido, y en la audiometría aparece la caída que lo explica.

Cuando el problema está en la nariz y no en el oído

Esta es la parte que más sorprende. El oído medio se ventila a través de un conducto que lo comunica con la parte de atrás de la nariz, y cuando ese conducto no abre bien aparecen sensación de taponamiento, chasquidos al tragar y, con frecuencia, un zumbido. Lo explicamos con detalle en este artículo sobre el oído tapado y la disfunción de la trompa de Eustaquio, porque es un cuadro que se confunde durante meses con un tapón de cera.

Por el mismo motivo, una congestión mantenida puede terminar notándose en los oídos. Si además llevas tiempo respirando mal por un lado, merece la pena revisar por qué tienes una fosa nasal siempre tapada, o si hay un goteo postnasal de fondo inflamando la zona. Tratar la nariz, en estos casos, es lo que acaba aliviando el oído.

Cera, fármacos, cuello y mandíbula

Un tapón de cerumen que ocluye por completo el conducto puede desencadenar un zumbido que desaparece al retirarlo. Algunos medicamentos tienen efecto sobre el oído interno, y conviene repasar en consulta la lista de lo que tomas. Y hay acúfenos que se modulan al apretar los dientes, al mover el cuello o al presionar ciertos puntos de la mandíbula: ahí el origen es musculoesquelético y el abordaje es distinto.

El estrés no lo inventa, pero lo amplifica

Ningún acúfeno nace del estrés, pero casi todos empeoran con él. Cuando dormimos poco, estamos en alerta o pasamos por una temporada complicada, el cerebro presta más atención a las señales internas y el pitido pasa de ser un ruido de fondo a ocupar el primer plano. Es un círculo conocido: cuanto más lo vigilas, más lo oyes, y cuanto más lo oyes, peor descansas.

Cuándo hay que consultar sin dejar pasar el tiempo

Un pitido puntual que dura unas horas después de un concierto no suele significar nada. Hay situaciones, en cambio, en las que la valoración por un especialista debe ser rápida:

  • Aparición súbita del acúfeno, sobre todo si notas que oyes peor de ese oído.
  • Pitido en un solo oído que no cambia y se mantiene semanas.
  • Acúfeno pulsátil, que late al ritmo del corazón.
  • Que se acompañe de vértigo, inestabilidad o supuración del oído.
  • Que te impida conciliar el sueño o concentrarte en el trabajo.

Cómo se estudia un acúfeno en consulta

La primera parte es la conversación: desde cuándo lo oyes, cómo suena, si es en uno o en los dos oídos, qué lo empeora y qué lo alivia. Después se explora el conducto y el tímpano, se realiza una audiometría para ver qué frecuencias están afectadas y, según el caso, un estudio de la presión del oído medio y una exploración endoscópica de la nariz y del cavum, que es donde desemboca la trompa de Eustaquio.

Si el acúfeno es unilateral, pulsátil o se asocia a una pérdida de audición asimétrica, puede indicarse una prueba de imagen para descartar causas concretas. No es lo habitual, pero es la razón por la que un pitido de un solo oído no se debe dejar sin mirar. Qué pruebas hacen falta se decide en cada caso, después de la valoración: no hay dos acúfenos iguales.

Qué se puede hacer con el pitido

Tratar la causa cuando existe

Es el primer objetivo y el más agradecido. Si hay un tapón, se retira. Si el oído medio no ventila por una obstrucción nasal, se trata esa obstrucción. Si hay una inflamación crónica de la mucosa, también se trata. En estos casos el zumbido puede mejorar de forma notable, aunque la evolución varía de un paciente a otro y se valora en la revisión.

Terapia sonora y reentrenamiento de la atención

Cuando no hay una causa corregible, el trabajo se centra en que el cerebro deje de darle prioridad a esa señal. La terapia sonora (ruido ambiental suave, sonidos neutros por la noche, evitar el silencio absoluto) reduce el contraste que hace tan evidente el pitido. En pacientes con pérdida auditiva, la adaptación de audífonos suele mejorar el acúfeno porque devuelve al oído la información que le faltaba. Y el abordaje psicológico de tipo cognitivo-conductual ha demostrado ser útil para reducir la molestia y el impacto en la vida diaria, aunque el sonido siga estando ahí.

Qué es realista esperar

No existe hoy un tratamiento que elimine el acúfeno en todos los casos, y conviene tenerlo claro desde el principio. Lo realista es otro objetivo, y se concreta con cada paciente en la valoración: trabajar para que el pitido deje de ocupar el centro de la atención y para recuperar el descanso. Muchas personas pasan de vigilarlo cada minuto a acordarse de él solo cuando alguien se lo pregunta.

Mientras tanto, qué ayuda en el día a día

Proteger los oídos en ambientes ruidosos y bajar el volumen de los auriculares evita que el cuadro vaya a más. Dormir con un sonido de fondo discreto es más eficaz que buscar el silencio perfecto. Revisar el consumo de cafeína y alcohol tiene sentido si notas que te lo disparan. Y, sobre todo, dejar de comprobar cada rato si sigue sonando: esa vigilancia constante es lo que mantiene el pitido en primer plano.

Un acúfeno no es algo con lo que haya que resignarse a vivir sin más. Es un síntoma, y como tal tiene un estudio detrás que en muchos casos encuentra una explicación tratable, sobre todo cuando el origen está en la nariz o en la ventilación del oído medio. Si llevas tiempo escuchando ese zumbido, pide tu cita de valoración y lo revisamos con calma: saber qué lo produce es el primer paso para que deje de mandar en tus noches.

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